Yo
contabilizaba tres generaciones y ahora está empezando
a venir la cuarta. Es asombroso que un grupo como el nuestro
haya permanecido a lo largo de tantos años y superado
tantos inconvenientes, dice Carlos Núñez
Cortés, integrante del perdurable conjunto Les Luthiers,
que completan Marcos Mundstock, Carlos López Puccio,
Jorge Maronna y Daniel Rabinovich.
Referente
de la originalidad y el humor inteligente, el grupo estrenará
en Mendoza su obra Lutherapia, con la que dará
cinco funciones, desde hoy hasta el lunes, en el Polimeni.
Mixturando su inigualable estilo con lugares comunes de
las sesiones de terapia, Les Luthiers lleva tres años
presentando este espectáculo del que Núñez
Cortés habló en esta entrevista, además
de los métodos de trabajo y su actualidad luego
de 40 años de trayectoria.
¿Ha
cambiado en algo Lutherapia en estos tres años,
o sigue igual?
Yo diría que sí y que no. Sigue siendo
el mismo del día de su estreno. Pero a medida que
se rueda y se acumulan funciones, va cambiando levemente.
No sólo va mejorando y se va añejando con
el tiempo, sino que se incorporan algunos nuevos chistes
y caen los que no funcionan. El añejamiento les
hace muy bien a los espectáculos de Les Luthiers.
La prueba y error en un show humorístico es muy
importante, porque uno recibe la respuesta del público
y trata de ir mejorando función a función.
¿Cuánto
tarda Les Luthiers en crear un espectáculo nuevo?
Tarda un año largo. Se empieza a escribir
mientras estamos rodando el anterior. Es un proceso muy
largo y complicado, donde lenta y gradualmente se van
juntando todas las piezas de lo que va a ser un rompecabezas
que se unirá poco tiempo antes del estreno. Creamos
las obras, escribimos los guiones, componemos la música,
se construyen nuevos instrumentos informales y se va armando
todo mientras presentamos la obra anterior. Eso nos permite
testear lo nuevo con el público, las incluimos
sin avisar nada a nadie y observamos la respuesta. Lo
hacemos hace años y nos da muy buenos resultados.
Con el humor hay una cuestión muy mágica
en que algunas cosas funcionan y otras no, a pesar de
que uno se proponga que funcionen todas. El público
da finalmente el último veredicto.
¿Hay
un nuevo formato por obra?
Claro, no está Marcos (Mundstock) como presentador.
Fue una cierta evolución en Les Luthiers. El espectáculo
siempre está atravesado por una columna vertebral
que lo une. Desde hace unos años, con Bromato de
Armonio, Todo porque rías o Los premios Mastropiero,
se ha ido tejiendo alrededor de situaciones diferentes
a lo que sucedía antes cuando simplemente había
un presentador que introducía cada obra.
¿En
este caso cómo es?
En Lutherapia la idea fue que una persona, que es
Daniel (Rabinovich), a la que le encargan un trabajo sobre
Mastropiero, va al psicoanalista porque siente que no
puede llevar a cabo esa tarea debido a ciertas trabas
psicológicas. Todo gira alrededor de las diferentes
sesiones y cada una desemboca en una obra musical.
¿Estrenan
instrumentos?
Sí. Un artista que se llama Pablo Reinoso
se acercó al grupo con unos instrumentos construidos
en base a sillas Thonet y nos encantaron. En este espectáculo
se incluyen muchos, como el percuchero, la percusilla,
el tamburete y la silla eléctrica, un injerto de
silla y guitarra eléctrica.
¿Aún
se divierten o ya hay rutina?
Pasan las dos cosas. Después de tantos años
no voy a decir que es un trabajo como cualquier otro,
porque evidentemente no lo es, y yo estoy muy contento
de que no lo sea. Es muy original, divertido y requiere
mucho compromiso de cada uno, mucha libido. Cada noche
que salimos al escenario es un desafío por hacer
lo mejor posible, tocar, cantar, divertir al público.
Y disfrutamos mucho de eso. Naturalmente, cuando nos toca
estar 15 días lejos de casa tocando todas las noches
lo mismo, uno siente a veces que lo toca la rutina. Por
suerte, entre nosotros hay una muy buena relación,
somos como hermanos, hemos estado más de 40 años
juntos, crecimos juntos y parimos juntos, obras e hijos,
que son lo mismo.