Las setecientas miradas se centran en los cantantes que
-lanzados a la épica campechana mediante la intro
de Alejandro Álvarez- inician sin rodeos con "La
epopeya de los 15 Jinetes". Un encantador cuadro al
que siguió el aplauso de bienvenida, escena que acrecentó
el ánimo del presentador emblemático del gran
folletín criollo.
A
un lado de la fiesta (una guitarra criolla y un bombo
legüero) empiezan a ponenle clima a una noche multirítmica
que, pieza por pieza, irá incorporando trompetines,
silbos, palmas y hasta un ensamble orquestal con mayúsculas.
Nadie,
pues, se acuerda del frío invernal. Y no hay que
asombrarse si la presentación cuenta con un invitado
de lujo- el Les Luthiers Carlos Nuñez Cortés-
que ha venido a especialmente a este show donde, entre
otras joyitas, Lutherieces repone La Cantata Laxatón
(a 45 años de su debut). Pues, si bien es una obra
impresionante que merece ser montada, ningún grupo
musical había tomado hasta ahora semejante desafío:
aventurarse en esa creación del inolvidable Masana.
Y
para Lutherieces el tributo implica siempre ofrecer un
espectáculo de calidad, con gran despliegue escénico
y toda la compañía trabajando en escena.
Eso significa que a las voces que conforman este "organum"
masculino se sumaron varios instrumentistas reclutados
de diversas orquestas mendocinas.
Aquí
no hay divisiones entre los que se lucen. Aquí
todos trabajan a la par y obra por obra (desde Lazy
Daisy a Gloria Hossanna thats the question
y desde El Vals del Segundo a El Explicado)
hacen que el repertorio se mantenga joven y nadie se duerma
en los laureles. Su directora María Eleonora fernández
confía en el equipo, tanto que se ha animado a
reponer la Cantata con más de 60 artistas en simultáneo.
Y
si bien priman los números grupales en el show
(con unísonos como en Educación Sexual
Moderna o aires de zarzuela con taconeo y voces
femeninas como en Las Majas del Bergantín),
el acting y los detalles visuales acompañan los
pequeños solos por los que se desliza la picarezca
mordaz.
El
espectáculo, pues, constó de dos partes:
en primer lugar, ahora por orden, La epopeya de los quince
jinetes, Educación Sexual Moderna, Lazy Daisy (con
un perfecto arreglo que se vale del beat box) y Las Majas
del Bergantín (cuya versión, dijimos, incorpora
muchachas y salero al escenario).
Lutherieces,
con breves líneas dramáticas, escogió
un programa capaz de recorrer los distintos géneros
de la identidad nacional.
A
continuación, fue el turno para que se lucieran
también los instrumentos. El Vals del Segundo (que
dura, literalmente, un acorde) y la versión de
La Cantata Laxatón que, en clave operística,
desgrana el prospecto de un laxante.
Ahora
bien: el vestuario de los solistas fue magistral; sin
caer en los típicos clisés de época
acentuó perfectamente la pompa de la partitura.
Cuando
la creatividad se impone, la versión sale ganando.
Esa fue una de las experiencias vividas por los espectadores
del festejo artístico que, sin titubear, se levantaron
de los asientos pidiendo el bis
.