Lila Levinson es una precursora del periodismo femenino
en la provincia. Comenzó su carrera en la década
del 60 en Canal 7 de Mendoza y hasta hoy no deja de trabajar
en lo que se desempeña de forma extraordinaria
y ama con el corazón: el periodismo.
Levinson habló con La platea acerca de su vida
personal, de su profesión, la que considera le
da enormes satisfacciones, y de la obra que presentó
el viernes en el teatro Imperial, de Maipú, junto
a sus colegas Milka Durán, Juan Alberto Nene Ávalos,
Sergio Coco Gras, Gabriela Figueroa, Mónica Borré,
Marcos Álvarez, Ariel Prado, Alejandro Álvarez,
Marcelo Sapunar y Martín Lubowieckiy, y al grupo
coral Lutherieces, que hace un humor diferente, filtrado
por juegos de palabras y reflexiones filosóficas,
proponiendo un humor inteligente como la mejor manera
de comunicar. La obra se representó, como cada
año, para conmemorar el Día del Periodista.
La obra que presentó este año el grupo
Comunicaktores para festejar el Día del Periodista
tuvo una particularidad: la participación del grupo
coral Lutherieces, ¿cómo es esa conjunción?
Fue un show sorpresa en el que los periodistas presentaron
de forma sutil y graciosa al grupo Lutherieces
como lo hace el locutor de Les Luthiers. Luego en un acto
se habló del complejo de Edipo en forma recitada.
¿Cómo surgió la idea de esta
obra?
El grupo Comunicaktores está compuesto por
periodistas y locutores, hace diez años que se
originó, empezó con un grupo de gente como
Ricardo Mur, Carlos Hernández, Lourdes Di Silvestri,
entre otros, y ha ido cambiando, en mi caso hace tres
años que estoy. Cada año se hace la obra
con una temática diferente y la representamos en
un teatro exclusivamente para el Día del Periodista.
En realidad la obra surgió entre colegas que se
plantearon hacer algo con el grupo Lutherieces y se ha
conformado con jerarquía.
Pionera del periodismo en Mendoza
Como fiel representante del periodismo en la provincia,
¿qué significa haber estado en televisión,
hacer actualmente radio y teatro, además de las
obras benéficas que hacés?
Debo ser el único caso en el interior del
país que sigue en actividad, aunque no lo tengo
documentado. En primer lugar es para lo cual me preparé
y capacité. Además hago cursos en forma
permanente, porque considero que se debe continuar aprendiendo
y evolucionando al compás de los nuevos tiempos.
El rol de periodista creo que me lo dio Dios para vivir
y es lo que me apasiona y me da energía para seguir,
al igual que la buena salud. A la vez, estoy atenta a
las noticias, a lo que pasa en el mundo, y me gusta proclamar
la protección a los animales o defender un caso
de abuso, ya sea desde el programa de radio (en Libertador
los viernes a las 15) o desde mi vida personal.
¿Cómo hacés para llevar una
vida profesional tan ajetreada paralela a la personal?
Mis hijos ya son grandes, estoy sola con mi marido
y los dos siempre hemos tenido conexión con los
medios, hablamos con el mismo código.
¿Y cuando tus hijos eran chicos?
Trabajaba sólo en Canal 7 y en esa época
se ingresaba al mediodía, porque era la hora en
que se hacía la apertura y cerraba a la 1.30 de
la madrugada. En general pedía el turno de la noche
desde las 18 para estar todo el día con mis hijos.
La profesión tiene muchas falencias: no es
redituable, el campo laboral está acotado, etc.,
¿Cuál es tu opinión al respecto?
Hace años a mí me becaron en Televisa,
en Houston. Me ofrecieron cinco veces más de lo
que ganaba, pero soy tan mendocina que no me pude ir.
También me ofrecieron un trabajo en Buenos Aires
y no lo acepté. Pero también comprendo que
aquí es un trabajo mal pago y muy presionado en
la actualidad y se tiende a promover la imagen de la mujer
no como la más inteligente, pues consideran que
hay ciertas notas que el género femenino no las
puede hacer.
¿Una anécdota?
Hay muchas, hasta hoy guardo por ejemplo una valija
llena de cartas de enamorados de los tiempos en los que
trabajaba en la televisión.
¿Una frase para los periodistas en su día?
Sobre todo a las periodistas. Debemos modificar
la relación con los medios y jerarquizar notas
y lenguaje, es decir priorizar el modelo de la cultura
y no del escándalo.