Llegan "Los modernos"


Con una sola función la compañía cordobesa, desgranará esta noche
su inclasificable show de humor "Fo, el filoso".


Humor? No, no...; mucho más que eso: es un concepto tan preciso, tan bien calibrado, que excede al género e invita a múltiples lecturas, desde las ineludibles carcajadas.

No hay chistes, no hay gags físicos, no hay juegos lumínicos ni escénicos. Hay un tiempo: el aquí y ahora (y algún otro indefinible, que se engrosa con palabras). Hay un espacio: el que Alejandro Orlando y Pedro Paiva, vestidos con sus faldas y sus suecos, generan desde el puro “decir”; con el cuerpo, los gestos y la voz.

Este tiempo y espacio son rítmicos, cadenciosos; casi musicales. Y por esa autopista, blanda y amable, circulan las palabras, que se activan como las hojas de ruta del sentido.

No es un texto teatral convencional: introducción, desarrollo y desenlace. No son palabras sueltas. No son juegos fonéticos. Es un discurso, un exquisito e inteligente speech repleto de informaciones, de activadores disparados a la emoción sensible, de flashes y tics que dan de lleno en el centro de la sonrisa.

Es una alocución compacta, fuerte, viva y perfectamente trazada (escrita siempre por Pedro); que nos lleva como el viento por tantos temas que sería imposible tildarlos en una lista.

Son Los Modernos. Y, aunque suene a “espectáculo complejo y para pocos”, ellos y sus obras no tienen nada de eso. De allí el ingenio: algo tan bien planeado, tan perfectamente interpretado y sincronizado, que se convierte en disfrute para todo el que intente el encuentro.

Es fácil, entonces, entender por qué Los Modernos dejan, tras sus pasos de gira, una retahíla de aplausos, alabanzas y bocas abiertas por la sorpresa.

La génesis de la idea

-¿Por qué ese nombre para la compañía?, le preguntamos a Alejandro; que responde con su fresco tono cordobés.

-Nosotros teníamos la idea de salir a buscar espectadores en los bares. Había que llamar la atención y encontrar un nombre que nos abarcara como compañía. Salió de un día, en que íbamos por una calle de mi barrio, y vimos una lavandería que se llamaba “García el moderno”.
La pared donde estaba escrito el cartel era vieja, descascarada; de hecho, esa lavandería alguna vez había sido muy moderna. Ahí se nos ocurrió.

-¿Y cuál es esa relación?

-Nos dijimos que en esta posmodernidad que nos rodea, la modernidad está pasada de moda.

Esa idea nos sirvió mucho para nuestro concepto porque desde la imagen somos “retro”, pero nuestra propuesta textual es de vanguardia. Y, la verdad, es que no nos equivocamos.

Retrocedamos. Vamos a esbozar el mapa de ruta de estos dos actores que, tal como afirma Alejandro, no se equivocaron en lo más mínimo.

Orlando es cordobés. Pedro Paiva, uruguayo (de Montevideo). Se conocieron haciendo teatro en Córdoba. “Pedro llegó en el ‘98. Ya traía en su mochila un monólogo escrito por él -va resumiendo Alejandro-. Compartíamos la sala de teatro, él con su espectáculo y yo con una obra que estábamos haciendo con otro grupo. Yo me fui a España y estuve allá unos cuatro años. Cuando volví, nos juntamos”.

Ahí empezó todo. Corría el 2002. El panorama era devastador: el país en llamas, el público ni asomando por las salas teatrales. Los actores son valientes, no le temen a estas cuestiones, y por eso es que igual arrancaron. Por eso es que Alejandro afirma: “teníamos que salir a buscar espectadores”. ¡Y cómo no!

Igual que, por aquellas épocas en Mendoza, la posibilidad de trabajo digno para los artistas estaba en los bares. Hacia allá fueron Los Modernos, a pasar la gorra entre cervezas y fernet.

“Las mayores estéticas nacen en tiempos de crisis”, reafirma Alejandro; tampoco en esto se equivoca.

Fue así: Alejandro dejaba la función de una obra que hacía a las 20. Pedro de la suya, que iba a las 22. Y se reunían en el bar a la medianoche.

-¿Qué pasó con la primera presentación?

-Las primeras veces eran 15 o 20 minutos de espectáculo para no molestar al público. Y terminamos haciendo dos horas completas.

La premisa era “llamar la atención”.

-¿Cómo hacerlo?

-Se nos ocurrió la idea de las faldas, que por supuesto eran de mi vieja; los suecos, que los hicimos hacer por 12 mangos a un zapatero de la vuelta; las chaquetas eran de mis tíos. Fue una estética buscada, pero desde lo más casero porque no teníamos un peso.

Ese look quedó como sello y estampa de Los Modernos.

Nacidos para el éxito

Al poco tiempo de restregar sus suecos por los pisos ásperos de los bodegones, Los Modernos se transformaron en una compañía de culto en Córdoba. Saltaron a los teatros que, desde 2002, no han cesado de llenar.

Luego vino España. Guardaron sus polleras y partieron a Barcelona. Lo primero que les pasó fue convertirse en el Mejor Espectáculo Teatral del año 2003, compitiendo con compañías europeas del más alto nivel.

-¿Qué significaron los años en España?

-Sirvieron para darnos cuenta de la potencialidad de nuestro trabajo. Nosotros siempre estamos mirando a Europa y, cuando llegamos con una estética formada por nosotros, sin director de escena, y obtuvimos aquel primer premio, lo supimos. Tan bien nos fue en España que nos quedamos tres años, ganamos otros premios y nos convertimos en una compañía ya instalada y con prestigio.

Por eso es que decidimos volver y quedarnos en Buenos Aires, para lograr lo mismo en la Argentina. Hicimos funciones en el Maipo, nos ganamos un premio ACE al Mejor Espectáculo en un rubro en el que competíamos con Capusotto, con Les Luthiers, con los mejores. Para nosotros es un sueño increíble.

Los Modernos están ahora haciendo temporada en el Teatro El Cubo, de Buenos Aires, y no paran de llenar funciones. Estarán allí por un largo tiempo y, entre tanto, han decidido salir a girar por el país, para que también los conozca el público de provincia. En tanto esperan a ver qué pasa el 11 de agosto, con el nuevo ACE al que están nominados.

Definir lo indefinible

Descontemos variables de antemano: no se parecen a ningún espectáculo de humor que hayamos visto, algo que en estos tiempos en que está todo inventado, los postula como una suerte de milagro.

-¿En qué reside el éxito de Los Modernos?

-Siempre decimos que una particularidad nuestra es el carácter universal de los espectáculos. No puede definirse claramente lo que hacemos, pero te diría que es un espectáculo de humor, reflexión, información y poesía.

-Pero también hay una rítmica, una cierta música que surge de la propia palabra... ¿Cómo han logrado esto?

-Es la musicalidad que ya tiene el texto, más la que nosotros le ponemos al comunicarlo. Es un ritmo que no nos permite bajar, porque si no el discurso se volvería académico. Buscamos revalorizar la palabra. No sé, creo que lo que teníamos para ofrecer como compañía era algo novedoso ya antes de nacer. Sabíamos qué era lo necesario para el espectáculo.

Una anécdota que da cuenta de la curiosidad de la dicción con que trabajan. “Nos ha pasado que vienen fonoaudiólogos para ver qué hacen Los Modernos con la voz -se ríe Alejandro-. Y, cuando terminamos el espectáculo, no sabemos qué decirles porque en la puta vida hicimos talleres con la voz ni nada de eso”.

Filosofía modernosa

Los actores traen consigo su último espectáculo “Fo, el filoso”. Antes hicieron cuatro: “Breve desconcierto breve”, “Breve desconcierto nuevo”, “Un antes y un después” y “Lo mejor”.

“Hacemos un espectáculo cada vez que terminamos nuestro circuito de giras entre Argentina, Uruguay, España y Chile. Pero esta vez, con ‘Fo...’, vamos a seguir. Es más: tenemos otro texto nuevo a medio ensayar pero, como decidimos instalarnos en Buenos Aires, vamos a continuar con ‘Fo...’. Esta será la primera obra que Los Modernos sostienen por tres años en cartelera”, se enorgullece Alejandro.

-¿Y de qué va “Fo, el filoso”?

-(ríe) El espectáculo está guionado de principio a fin porque nos interesa comunicar una obra cerrada, con la palabra como valor principal. Pedro inventó aquí un imaginario primer pensador: por eso se llama Fo, el filoso (el filósofo). Nos permitimos jugar y viajar por el tiempo y contar las máximas de ese primer e hipotético pensador. (se ríe) Las máximas de Fo han sorprendido hasta a los más preparados.

Síntesis: una aventura del pensamiento, de risa azorada. Una partitura musical construida a pura voz en cuello.

 

Jueves 29 de julio de 2010
Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar
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