El reloj pisaba las 23 y los asadores echaban más
brasas para atizar los chivitos y costillares. Sin embargo,
lejos de las imágenes de otros años en los
que había que llegar temprano para conseguir una
mesa, el viernes fue la apertura de la 27ª edición
del Festival Nacional de la Tonada y los ranchos lucían
casi vacíos. Jairo, Facundo Saravia, la coplera
salteña Mariana Carrizo y Los Trovadores de Cuyo
fueron las figuras centrales que tuvieron no más
de 10 mil personas viéndolos distribuidas en el
gran complejo municipal. Se espera dar vuelta esa realidad
esta noche con el cierre en manos del convocante Chaqueño
Palavecino y el humor local del popular Cacho Garay.
Fue
también el estreno de la peña del festival,
cuyo escenario se ubica al final del paseo de compras,
bares y comidas típicas. Se trata de un espacio
dedicado a los números locales que no suben al
escenario mayor, aunque su debut estuviera centrado en
la actuación del Coral Lutherieces que sí
va a estar hoy, por primera vez, incluido en la grilla
principal. Esta agrupación de voces masculinas
mendocinas dedicadas al humor musical hace sólo
obras de Les Luthiers y se presentó en la peña
con Javier Rodríguez y Facundo Saravia como invitados
(ver aparte).
Mientras,
en el anfiteatro daban la inauguración oficial
con un cuadro bien patriótico de danzas folclóricas
a cargo del ballet estable del festival tunuyanino. Acto
seguido, con su clásico e inmaculado vestuario
blanco, volvieron a deleitar a su público local
los folcloristas más legendarios de nuestra tierra,
Los Trovadores de Cuyo.
Abrazada
a su caja subió luego la bagualera salteña
Mariana Carrizo, quien ejerce el canto más antiguo,
el de la copla, con un encanto y carisma tan especial
que enmudece a cualquier platea. Esta vuelta suya a La
Tonada fue especial porque la menuda intérprete
de piel morena se animó a una tonada (Quien te
amaba ya se va).
Para
eso, Carrizo estuvo acompañada en escena por los
músicos locales Javier Figueroa (guitarra y coro)
y Maxi Benedeti (guitarra). Pero antes, Figueroa fue invitado
por la salteña para entonar unas coplas, mientras
que otro mendocino, Pablo Quiroga, se encargó de
la percusión en el recital de la coplera.
Había
pasado ya la medianoche cuando la gente esperaba ansiosa
la llegada de Jairo. Parece mentira que ese inmenso caudal
de voz pudo haberse apagado en Cosquín, aunque
sirvió para demostrar que esa maravillosa interpretación
folclórica (y de cualquier otro género)
del artista cordobés es tan mágica como
real.
Atrás,
entonces, había quedado el mal trance de una disfonía
y volvió a conquistar al público de este
festival con un repertorio sin grandes novedades pero
tan intenso como expresivo. Su larga trayectoria en la
música popular intentó ser resumida en clásicos
del intérprete como el Ave María, La saeta,
Indio toba o Duerme negrito; temas a los que sumó
uno de sus más nuevos hits, El ferroviario, y buena
parte de su último disco, Criollo (2007), recibiendo
la mayor ovación con Regreso a la tonada. También
estrenó Carpintería José, canción
dedicada al padre de Jesús que incluirá
este año en su nuevo CD.
Debe
haber una cuestión profunda o inconsciente en mi
relación con la religión. Porque no soy
creyente, aunque mi mujer y algunos de mis hijos sí
lo sean. Y si embargo, en mi adolescencia, además
de querer ser ferroviario como mi padre, hice un seminario
de un año para ser cura, se sinceró
más tarde en conferencia de prensa.
De
sus 44 años de carrera, Jairo lleva 25 editando
álbumes bajo ningún sello discográfico.
Su labor independiente ha tenido beneficios y dificultades,
pero así lo decidió el músico nacido
en Cruz del Eje (Córdoba) porque se dio cuenta
de que los directores musicales son artistas fracasados,
según consideró.
La
madrugada no se despediría de esa forma, y para
arengar las palmas y hacer bailar a los pocos presentes
que soportaban el frío llegaría Facundo
Saravia. Todos la llaman cueca, Cuando el amor se va,
Chacarera triste y Luna cautiva formaron parte del set
del simpático y apreciado folclorista, ex Chalchalero
e hijo de Juan Carlos Saravia, que se despidió
con la inoxidable 60 granadero.