Marcha de la conquista

(Marcha forzada)


Eduard De la Pucelle era originariamente jefe de artilleros pero, por culpa de los desastrosos errores estratégicos que cometía, fue trasladado por el alto mando a la superintendencia de música militar. Allí se dedicó entusiastamente a componer marchas para el ejército. El alto mando, luego de escucharlas, optó por destinarlo nuevamente a la artillería.
A continuación se interpretará "Marcha de la Conquista" de Édouard de la Pucelle. De todas sus marchas ésta es la única que se ha conservado, gracias a su originalidad, gracias a su insólita temática y gracias a Dios.


En lo más profundo de mi pecho
un solemne sentimiento vive ya.
Sentimiento de lealtad, y de respeto,
que en este grito de mi boca brotará:
¡Te amo, María Cristina!

Siempre guardo el recuerdo de aquel día,
aunque nunca comprendí lo que ocurrió,
mi amor le declaré a María
y ella entonces se ofendió.

Caminábamos por un bosquecillo,
alegres cantaban los pajarillos...
¡Pío, pío!

Saltamontes, abejas y cigarras,
gusanillos, luciérnagas y grillos,
abejorros, libélulas, mariposas
revoloteaban en torno a nuestro afecto
y le dije con voz temblorosa:
"¡Este sitio está lleno de insectos!"

Dulcemente le pedí que se acercara,
su mirada desvió tímidamente,
y para lograr que me mirara,
yo le dije: ¡Vista al frente!

Era hermoso caminar enamorados...
¡Un, dos, un, dos! ¡Quier, deré, quier, deré!
¡Quier, quier, te quier, te quier!
¡Te quier much!

Con intensa pasión le dije entonces:
"¡Abrázame! ¡Con la tarea indicada... comenzar!"
Y María obedeció tiernamente...
"¡Besarme!, ¡hacerlo!, ¡ya!"

Nunca pude comprender lo que ocurrió
y por eso mi relato aquí se cierra,
nunca supe por qué causa se ofendió
cuando le dije, cuando le dije: "¡Cuerpo a tierra!"